Esta semana, parece que la cartelera española quiere inundar las salas de risas y mucho humor porque, además de la película francesa 2 días en París, llega a la pantalla grande Un buen día lo tiene cualquiera, una comedia local escrita y dirigida por Santiago Lorenzo, quien vuelve a ofrecer una propuesta cinematográfica diez años después de haber realizado Mamá es boba.

Más allá de basarse en un tema difícil y desarrollarlo en clave de humor, donde Diego Martín interpreta a Arturo, un hombre de treinta y cuatro años que ha perdido su empresa, su dinero y su casa, el director le ha expresado al Diario Metro que este film intenta mostrar la ruina económica y los problemas de vivienda que afectan a mucha gente, pero con un mensaje esperanzador de que siempre, “todo se termina arreglando”.

Un buen día lo tiene cualquiera

Según confesó, la película tiene mucho de autobiográfico ya que, de acuerdo a lo asegurado por Lorenzo, de esa forma existen mayores garantías de escribir con conocimiento de causa y menores posibilidades de equivocarse. Tal vez como forma de dejar más en claro su objetivo cinematográfico, en El Norte de Castilla el realizador se encargó de explicar que Un buen día lo tiene cualquiera está relacionada a la voluntad de reírse de los desastres. “Aquí no se habla de no tener una casa, sino de tener una a la que no quieres ir. El ribete de denuncia es lateral. Hay un tanto por ciento muy pequeño de cine social en esta historia”, expresó.

Para conocer por completo la historia, cabe destacar que en Un buen día lo tiene cualquiera también aparece en escena Joaquín (Roberto Álamo), un antiguo amigo que Arturo conserva desde la época estudiantil, quien lo convence para que aproveche un plan social del Ayuntamiento dentro del cual los ancianos solitarios reciben en sus casas a estudiantes jóvenes sin recursos por un alquiler ínfimo. De esta forma, Arturo, como no es ni estudiante ni joven, falsifica la solicitud y consigue lugar en la casa de Onofre (Juan Antonio Quintana), un anciano hiperactivo, manipulador y mentiroso.

A simple vista, es evidente que a nadie le resulta fácil convivir con un extraño que encima posee una personalidad tan detestable, por eso, a medida que el comportamiento del anciano se vuelve más agresivo, Arturo, desesperado, se plantea abandonarlo todo. Pero alguien interfiere en su camino y lo convence de continuar en ese lugar: Joaquín. Según parece, a él le conviene que Arturo siga allí, en medio de ese infierno, porque es su única forma de llevar a cabo sus propios planes.

Dejando atrás el argumento, una buena idea para conocer más acerca de este largometraje es hacer referencia a todas las curiosidades que giran en torno a esta comedia española. Entre ellas, el blog puesto en marcha por Sergio León, uno de los productores de la película, donde se encargó de contar, día a día, detalles sobre el rodaje. Además de incluir un juego de dardos, como forma de promoción la página oficial de Un buen día lo tiene cualquiera había inventado un concurso para que los espectadores pudieran dejar volar su imaginación y confesar lo que estarían dispuestos a hacer para conseguir un alquiler de 40 euros durante un año.

Un buen día lo tiene cualquiera

Después de haber analizado unos cuantos detalles de este film, cabe decir que en Un buen día lo tiene cualquiera, Lorenzo ha sabido representar con humor y mucha originalidad, temas tan profundos como el de la vivienda, las relaciones entre jóvenes y ancianos, la precariedad laboral y el azar.

TITULO ORIGINAL: Un buen día lo tiene cualquiera
PAIS: España
DIRECCION: Santiago Lorenzo
ACTORES: Diego Martín (Arturo), Roberto Álamo (Joaquín), Juan Antonio Quintana (Onofre), María Ruiz (Maite), Antonio Molero (Luismi), Ana Otero (Pili).
GENERO: Comedia
RECOMENDACIÓN DE POCHOCLOS: Aconsejable para solteros que ya están pisando los 30 años, aunque igual todos los espectadores adultos podrán entretenerse con esta comedia proveniente de España.